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América Latina: desarrollo, productividad, tecnología, educación

Escrito por Rodrigo Parreira | May 27, 2021 6:52:59 PM

América Latina, a pesar de toda su extensión geográfica y abundancia de recursos naturales, es una región económicamente pequeña cuando se la observa a escala global. Actualmente, su PBI corresponde a aproximadamente el 7% del total mundial, una proporción que se mantiene relativamente estable desde la década del 70.

Sin embargo, el elemento más preocupante de esta imagen es su falta crónica de crecimiento. En datos recientes publicados por el FMI, se puede observar que la región crece significativamente menos que el promedio mundial (en los últimos 3 años, el mundo creció a un promedio de 3,5%, mientras que América Latina lo hizo a 1%), un índice que está por debajo del promedio de los países desarrollados (aproximadamente el 2%) y mucho más bajo que el de los países con economías calificadas como emergentes (alrededor del 4,5%).

¿Cómo explicar esta situación tan compleja y frustrante? Hay temas casi obvios, relacionados con aspectos políticos (populismo, falta de consistencia de los proyectos nacionales, una visión poco clara de la estructuración de elementos en las economías locales) y aspectos sociales (desigualdad, falta de acceso al mercado de consumo por parte de las clases bajas, tamaño relativamente pequeño de la clase media). Sin embargo, me gustaría enfocarme en el tema de la productividad.

Mirando de manera muy conceptual, el crecimiento económico puede explicarse en gran medida por dos componentes: el tamaño de la fuerza laboral (es decir, el número de trabajadores activos en una economía) y su productividad (es decir, cuánto valor agregado aporta cada persona con su trabajo).

En un estudio reciente del McKinsey Global Institute (un “think tank” vinculado a la consultora McKinsey & Co.), se realizó un análisis sobre estas bases para explicar el crecimiento de las economías nacionales latinoamericanas entre 2000 y 2016. El resultado es sorprendente, especialmente teniendo en cuenta que a lo largo de estos años hemos visto una fuerte expansión de las economías regionales, debido a la apreciación de los precios de los productos básicos en el período.

Lo sorprendente es que para la mayoría de los países de la región (con algunas excepciones, como Colombia), alrededor del 70% de su crecimiento se explica por el aumento del mercado laboral, especialmente si tenemos en cuenta que este fue un período marcado por una mayor inclusión de los trabajadores en el mercado formal, mientras que solo el 30% se explica por una mayor productividad. En el mismo período de tiempo, si observamos la economía china, notamos que el 94% de su crecimiento se explica por el aumento de la productividad -y solo el 6% por la expansión de su mercado laboral-. ¡Y este no es un crecimiento bajo chino, ya que su PBI creció más de 10 veces en este ciclo, pasando de 1 a más de 11 trillones de dólares!

En resumen, la productividad de los trabajadores latinoamericanos es baja. ¿Pero cuáles son las variables clave asociadas con el crecimiento de la productividad? Principalmente dos: una a corto plazo y otra a largo plazo, no completamente independientes. A corto plazo, es esencial la adopción de tecnologías: nueva maquinaria, sistemas más robustos y desarrollados, automatización, robotización, mejores procesos de producción. A largo plazo, la formación y calificación del trabajador es fundamental. Y así llegamos a una de las principales tragedias latinoamericanas: la calidad de su educación. Estas no son variables independientes, ya que los trabajadores malformados tienen dificultades extremas para operar entornos tecnológicamente intensivos.

Este es el escenario que enfrentamos en la región, cuando el proceso que nos llevará a la cuarta revolución industrial ya comenzó y muestra signos de una aceleración intensa. Las empresas están comenzando a prepararse para la transformación digital, desarrollando sus infraestructuras, invirtiendo en soluciones digitales y buscando ser más competitivas en un mundo cada vez más globalizado y disruptivo. Por otro lado, ¿será que nuestros gobernantes, los grandes tomadores de decisiones políticas, aquellos que deberían pensar en la creación de riqueza a largo plazo, mejorar las condiciones sociales y disminuir las desigualdades, entienden el cuello de botella para el desarrollo que representa la formación humana en la región? ¿Estamos tomando las decisiones correctas y priorizando los temas realmente importantes? Los invito a reflexionar.